Juan Luis Urkola eta bere alaba Nereak gonbidatu ninduten
zerbait idaztera, ateratzera zihoazen liburu baterako. Eta libura kalean dago. “Las claves de la
dirección” du izena eta bi egileen maisutasunari berrogei zuzendari orokorren
azalpenak gehitu dizkiote. Nirea bidali nien eta orain zuekin konpartitu nahi
dut.
Juan Luis Urcola y su hija Nerea – a quien seguro que más
de uno de vosotros conocéis por su larga trayectoria profesional- me pidieron en su día una pequeña reflexión para
el libro que pensaban editar sobre dirección de empresa. El libro ya está en la
calle, con el título de “Las claves de la dirección” A la maestría y magnífico
buen hacer de los autores, éstos quisieron añadir en el texto aportaciones de cuarenta directores de empresa. Yo, entre
otras, les envié la que sigue a estas líneas, que ha sido incluida en el libro,
y quiero compartirla con vosotros.
El libro se presenta el día 6 de
Octubre a las 18:00 horas, en el Salón de Actos de la Cámara de Gipuzkoa, Avda.
de Tolosa 75 en San Sebastián. Una buena oportunidad para pasar un buen rato.
Dos jóvenes
licenciados en la Escuela de Náutica, casualmente ambos brillantes premios Fin
de Carrera, fueron seleccionados para conducir a cada barco de pasajeros y de
características similares a dos islas lejanas entre sí. Uno de ellos, asumiendo
la prueba con decisión, analizó las propiedades técnicas del barco y planteó a
los propietarios del mismo la necesidad de una tripulación preparada y
competente. El segundo hizo la misma operación, con el mismo diagnóstico. A los
dos se les ofreció la oportunidad de elegir las personas que se ocuparan de las
distintas responsabilidades a bordo. Así, el primero entrevistó a un plantel de
aspirantes y eligió a los que creía oportuno. Lo mismo hizo el segundo.
Comenzó la
travesía para llevar los barcos a buen puerto. Antes de zarpar el primero de
ellos reunió a su equipo y dejó claro a cada individuo su cometido,
ofreciéndoles – en caso de necesidad- su ayuda, y dando todo tipo de
explicaciones, incluso por escrito, a quienes iban a compartir con él la
responsabilidad de llevar el paquebote al punto de destino. El segundo, sin
embargo, se entretuvo en la revisión de los camarotes de los pasajeros, y en
comprobar la comodidad de los mismos, pasando el resto del tiempo encerrado en
la torre de mando, revisando en los mapas posibles rutas alternativas. También
tuvo tiempo de saludar a los pasajeros. Pero se olvidó de establecer un plan
estratégico con sus subordinados.
A poco de
partir comenzaron las dificultades inherentes a cualquier singladura. En el
barco del primero de los capitanes algo no funcionaba correctamente en el motor
central, y el contramaestre, encargado de la conservación y mantenimiento de
todos los aparejos del barco, avisó al jefe de máquinas y dejó en sus manos la
solución al problema. Luego informó al capitán de los pasos dados. Días más
tarde se produjo un pequeño incendio en la cocina y fueron dos técnicos del
equipo de seguridad quienes lo apagaron. El capitán en cada caso observaba las
soluciones dadas, aprobándolas o recomendando alguna otra. Al final de la
jornada el capitán se reunía con su equipo de responsables de área y comentaban
lo acaecido y planificaban la tarea del siguiente día.
Ante
incidentes similares el segundo máximo responsables acudía de inmediato a la
sala de máquinas, dando instrucciones de cómo solucionarlos y permaneciendo en
el lugar hasta el total restablecimiento de la normalidad. Incluso, cierto día
creyó oportuno zanjar personalmente la discusión en cubierta entre un marinero
y un pasajero. En otra ocasión, al no tener claro a quién correspondía la
responsabilidad de un área determinada, la discusión se produjo entre el
contramaestre y el piloto, cosa que disgustó sobremanera al capitán, quien
culpó a los dos de falta de profesionalidad. El contramaestre dimitió de su
cargo y el capitán determinó no sustituirlo, en la confianza de poder asumir
por sí mismo las tareas propias de aquél.
Pasó el
tiempo y el primer joven licenciado consiguió el objetivo y el barco atracó en
el puerto designado, tal como se lo habían pedido los propietarios, y con la
tripulación y los pasajeros satisfechos de la travesía. No se tienen noticias
sobre el segundo navío, desconociéndose su situación actual y el estado anímico
de las personas a bordo.